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Necesitamos una política de fomento de la natalidad

Necesitamos una política de fomento de la natalidad

El número de defunciones sube y sube, los nacimientos se desploman y, con la crisis, la inmigración ha pasado a ser emigración. Todo esto ha llevado a que la población de España descendiera en 2013, 2014 y 2015, con un repunte en 2016, debido exclusivamente a las nacionalizaciones de extranjeros residentes. Ese descenso provocará una reducción de la población activa y ocupada y los ingresos por cotizaciones, de donde sale el dinero para pagar las pensiones de una población cada vez más envejecida.

El fondo de reserva de la seguridad social está a punto de terminarse y el gobierno baraja la opción de emitir deuda pública para cubrir las necesidades de financiación, unos 20.000 millones de euros anuales. A la espera de que se negocie una solución definitiva, los expertos instan al ejecutivo a poner en marcha medidas que impulsen la natalidad como la solución más eficaz para corregir el problema demográfico (despoblación) y económico (pensiones).

España se encuentra a gran distancia de los países europeos en esta materia. La primera brecha se produce en los permisos de maternidad y paternidad. Las mujeres españolas disponen de 16 semanas de permiso y los padres de cuatro semanas, plazos muy inferiores a los que plantean los países nórdicos, referentes en el fomento de la natalidad. Dinamarca ofrece 12 meses a repartir entre el padre y la madre y Suecia va todavía más allá y ofrece 16 meses.

La distancia con Alemania también es notable. Allí la madre dispone de un permiso de 42 días de permiso previo al parto, 98 días tras éste y un año recibiendo el 67% de su sueldo. Además, el padre tiene un año de permiso percibiendo un máximo mensual de 1.800€.

En países como Francia, en el que el trato es menos beneficioso que en España, el permiso de maternidad es de 16 semanas y el de paternidad de dos. Sin embargo, el tratamiento fiscal, gracias a lo que llaman “cociente familiar”, es mucho más generoso. Este sistema divide la renta familiar gravable entre el número de miembros de la familia, que computan de diferente forma. El marido y la mujer se contabilizan como una unidad, cada uno de los dos primeros hijos con medio punto y a partir del tercero suma como otra unidad. Además, la soltería, la viudedad o el divorcio con hijos a cargo conceden más puntos. Así, una pareja casada con tres hijos divide sus ingresos netos entre cuatro. La reducción que se aplican las familias tiene limitaciones en el caso de las rentas más altas. Con esos límites se trata de evitar situaciones como la provocada por la ayuda de 2.500€ por nacimiento, instaurada por el gobierno Zapatero. Esta medida no establecía limitaciones en los ingresos, provocando que en todos los casos se percibiera la ayuda íntegra, sin ningún criterio de redistribución de la renta.

El estudio elaborado por el Instituto de Política Familiar considera que las políticas de ayuda a los hogares deberían ir más allá de los permisos de maternidad y paternidad y el tratamiento fiscal. Una de sus críticas se centra en las irrisorias ayudas por hijo a cargo, las más bajas de la UE. El informe apunta que la media se sitúa en 24,25€ por hijo a cargo, con unos límites máximos y subraya que una familia en la que ambos cónyuges tuvieran unos ingresos equivalentes al salario mínimo interprofesional, no tendría derecho a esta prestación por hijo a cargo, por superar el límite de renta familiar anual.

El estudio también reclama medidas para reducir la factura que pagan las familias por su vivienda habitual o por los gastos de educación. En el primer apartado, piden la supresión del Impuesto de Transmisiones Patrimoniales, que grava la compraventa de viviendas usadas, y una reducción del 50% en el Impuesto de Bienes Inmuebles para familias con hijos, ampliable hasta el 75% si se trata de familias numerosas. Reivindican, igualmente, una política de vivienda para familias jóvenes y hogares con hijos, en línea con la que se aplica en Francia.

La tasa de fertilidad, que establece los hijos que tiene en promedio una mujer en su edad fértil, queda en España en 1,32 hijos, por debajo de la media de la UE de 1,57 hijos. La tasa se encuentra sólo por encima de Chipre (1,31), Grecia (1,30) y Portugal (1,23). Las más altas se dan en Turquía (2,17), Francia (2,01), Irlanda (1,94), Islandia (1,93) y Suecia (1,88).

Otra actuación esencial sería mejorar la conciliación familiar y laboral, con medidas como la universalización de una prestación por excedencia para el cuidado de hijos hasta los tres años y la potenciación de la red de guarderías.

Definitivamente, necesitamos unas políticas decididas de apoyo a la fecundidad para invertir la tendencia demográfica de nuestro país. Y deberían ser medidas urgentes porque el descenso de población se acentúa y la pirámide de población tiene cada vez peor aspecto. La bancarrota del sistema está cada vez más cercana…

 

 

Carlos Benguría
Fortium Family Office