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Cambio climático y pobreza

Cambio climático y pobreza

Estas dos últimas semanas vemos en todos los informativos noticias que llegan de Perú. Se suceden durante días y días lluvias torrenciales que provocan deslizamientos de laderas y desbordamientos de ríos que dejan sin hogar a cientos de miles de personas y generan gigantescas pérdidas económicas, de las cuales el país no podrá recuperarse en décadas. Todo esto después de años de crecimiento económico…y de persistente sequía.

El año pasado miles de expertos trabajaban en Marrakech en la Cumbre contra el Cambio Climático (COP22) para poner en marcha los compromisos adoptados en 2015 en París y que buscan evitar un aumento de la temperatura del planeta en dos grados antes de 2030. Los efectos del calentamiento global afectan a todos los órdenes de la vida, incluida nuestra salud. Y lo hace alterando el ámbito geográfico y la estacionalidad de algunas enfermedades infecciosas, perturbando los ecosistemas de producción de alimentos o aumentando la frecuencia de fenómenos meteorológicos extremos como huracanes o sequías.

En el último siglo, el mundo se ha calentado 0,85 grados pero ha sido en las tres últimas décadas cuando la situación se ha agravado exponencialmente. Según Naciones Unidas denuncia, entre 2030 y 2050, el cambio climático causará 250.000 muertes anuales debido a la malnutrición, el paludismo y otras enfermedades relacionadas con la subida de las temperaturas. De aquí a 2030, la Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que el coste de los daños directos para la salud se situará entre 2.000 y 4.000 millones de dólares. Y las zonas con malas infraestructuras sanitarias, la mayoría ubicadas en los países más desfavorecidos, no podrán adaptarse a estos cambios.

Inundaciones, sequías, mortalidad relacionada con la subida de temperatura, enfermedades transmitidas por el agua… todas estas cuestiones están relacionadas de forma directa con el calentamiento que sufre el planeta. Muchas de las enfermedades más mortíferas, como las diarreas, la malaria, el dengue o la malnutrición son muy sensibles al clima y es previsible que se agraven.

Aunque todas las poblaciones van a verse afectadas, es cierto es que hay colectivos más vulnerables. De entre ellos sobresalen los niños de los países pobres. Las zonas con infraestructuras sanitarias deficientes son las que tendrán más dificultades para prepararse si no reciben asistencia de la comunidad internacional. Es también en estos países, sobre todo de Asia y África, donde, según la OMS, suceden el 90% de las muertes ocasionadas por la contaminación. Paradójicamente, vemos como Estados Unidos, uno de los países más contaminantes del planeta, es a la vez, uno de los menos contaminados, también según la OMS.

Pero no pensemos que esto no afectará a nuestro mundo desarrollado. Las epidemias y las hambrunas que se sucederán por todo el planeta, generarán guerras, tensiones migratorias y “refugiados climáticos”. Creo que hasta los menos concienciados deberían tomar partido y demandar acción a los gobiernos. La lucha contra el cambio climático no puede seguir siendo ni de izquierdas ni de derechas. Se trata de una cuestión vital que va a decidir el futuro de un mundo cada vez más global.

Hace ya años, numerosas instituciones públicas abogan por impulsar políticas y concienciar a la población sobre acciones que pueden reducir las emisiones y reportar importantes beneficios colaterales para nuestra salud. El fomento del uso del transporte público y de formas de desplazamiento activas (a pie o en bicicleta) como alternativa al coche, podría reducir las emisiones de dióxido de carbono, que provocan según la OMS cuatro millones de muertos al año.

 

Carlos Benguría
Fortium Family Office